Bajen el volumen de la tele que no se escucha al futuro
Escrito el Oct 08, 2007 Categorías:Blogósfera y alrededores |Para Edgardo Ritacco, director periodístico de adlatina.com, la publicidad, parece ser el diablo. Para darse cuenta de ello basta leer la primera frase que escribió en su artículo (requiere suscripción gratuita) de hoy: “La publicidad metió la cola.”
¿Y adónde metió la cola la publicidad? Pues en los blogs cuya “atractiva espontaneidad”, según Ritacco, “empezó de pronto a ceder terreno”. ¿De qué está hablando? Del “pay-per-post”, o de cuando una empresa paga para que posteen sobre ella. “¿Sobrevivirán los blogs a esta avalancha?”, se pregunta mientras se le adivina cierto brillito de satisfacción por lo que parece considerar la segura muerte de la blogósfera como instrumento de comunicación “ingenuo”. Lo de “ingenuo” corre por cuenta de Ritacco, obvio…
Para el director de adlatina, un blog, cuando acepta publicidad en sus posteos, debe asumirse como “herramienta publicitaria de una marca o producto”. Vale decir que “ya no se puede jugar con los posteos “ingenuos”, que simulan plantear temas poco conocidos sólo para que otros se agreguen a la discusión y aumente el tamaño del debate.”
De inmediato, el autor parece festejar, para mi gusto de manera muy anticipada y sin mayores fundamentos, que los blogs con publicidad pasarán del “dialogo de posteos” a “una sucesión de argumentos publicitarios”. Entonces, sí, Ritacco sentencia la pérdida del “eterno encanto de la discusión y la espontaneidad”
Nunca es triste la verdad…
El razonamiento de Ritacco es claro y sencillo: los blogs, al aceptar publicidad, mordieron la manzana evenenada que les ofreció la serpiente que encarna a todo mal: la publicidad. Por lo tanto, los blogs (todos los blogs, según este hombre) perdieron la espontaneidad y pasaron a ser herramientas publicitarias.
Este hecho parece alegrar sobremanera a Ritacco que habla de los blogs como un fenómeno que ya pasó, al decir que constituyeron “un efecto fulminante”. Lo que traducido a la realidad, se leería: “Esto es lo que yo quiero que pase porque la industria de la publicidad tradicional necesita seguir utilizando a las audiencias de manera cuantitativa y en manada y no de modo cualitativo y uno por uno”.
Pero los blogs nunca fueron tan inocentes ni la publicidad nunca fue tan mala.
Para mi, Ritacco se levantó para servirse café justo cuando pasaban la parte donde aparecía en esta película el Manifiesto Cluetrain con sus tesis sobre la conversación de las marcas. Es una pena.
Es una pena porque no llega a ver que los blogs siguen encarnando ese diálogo múltiple que habla de experiencias de marca en primera persona.
Es una pena porque no llega a darse cuenta de que en la inmensa mayoría de los blogs existe un código no escrito para diferenciar los post auspiciados de los otros. Y que son los que no lo hacen, los que pierden reputación y credibilidad.
Es una pena porque Ritacco no le dedica ni una mísera línea a uno de los verdaderos fenómeno que encarnan, en forma indirecta, los blogs: la publicidad contextual , con el adsense de Google a la cabeza.
Es una pena, en síntesis, ver cómo en lugar de meterse con cabeza y todo -sobre todo con cabeza- en este nuevo siglo, con sus nuevas modalidades de gestión, hay personas que insisten en las viejas recetas de la comunicación dirigida y el mensaje controlado.
Todo esto no quiere decir, insisto, que la blogósfera sea paz y amor o una nueva versión del hippismo asistido por computadoras. Pero sí quiere decir que la comunicación, -personal o corporativa,interna o externa- cambió para siempre y no hay que tenerle miedo a ese cambio.
Entonces, parafraseando cierta consigna, los usuarios, tengan o no tengan blog, no son culpables de que el modelo de negocios de la publicidad, de las discográficas o de las editoriales ya no sirva.
Es una pena que Ritacco no haya oído hablar de la Economía Long Tail o de la larga cola. Si, esa misma que plantea que “lo más asombroso acerca de la televisión es que puede transmitir un programa a millones de personas con una eficiencia inigualable. Pero no puede hacer lo contrario:transmitir un millón de programas a una persona. Eso es lo que internet hace tan bien.”
Es una pena que algunos todavía no escuchen estas voces por tener la tele encendida con el volumen tan alto…