El blog de Eduardo Betas| ¿La versión beta de Betas?

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Ese abrazo entre Néstor Kirchner y su esposa, la Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner me sorprendió en plena tarde. Lo ví en el site de La Nación y, aun cuando no quisiera, me retrotrajo a otra imagen, otro ícono de nuestro pasado más o menos reciente: la imagen de Evita abrazada a Perón tras su renunciamiento histórico del 22 de agosto de 1951.

Ya sé, no me digás, son bien distintos. No son comparables porque son momentos diferentes con casi 60 años de distancia y un aluvión de historia en el medio.Aquella imagen de 1951, a mitad de camino entre estampita y crónica fotográfica, mostraba toda la fortaleza de una mujer acurrucada en el pecho de su hombre. Y hoy, como un monumento o una remera estampada, ya no quema ni incendia. Por eso, tal vez, ya forme parte del álbum de la historia o de cualquier iconografía de acto partidario.

En cambio, la imagen de hace un par de días es distinta. Arde y, al mismo tiempo, es demasiada fresca aún para ponerle significantes que no sean ideológicos. Es una imagen que aún la historia no la ha revelado.

Pero ambos abrazos tienen cosas en común. Al menos son dos personas en cada una de las fotografías en un momento en que la historia también los está abrazando.

Claro que no son abrazos partidos, en el sentido de resquebrajados, fragmentados, fracturados… Ni tampoco son momentos de debilidad. Es lo humano tras el poder o lo humano cuando el poder los conmueve.

Algunos podrán ver, en el abrazo de los Kirchner, un gesto ensayado por un publicista con agudeza semiótica. Pero no creo que quiera relacionar ese abrazo a un renunciamiento.

Otros, justificarán sus teorías misóginas sobre la debilidad femenina y el ejercicio del poder.Pero lo cierto es que ambos estaban allí, se abrazaron entre papelitos y banderas. En medio de un país que está doblando la curva de su historia. Ante un futuro que tiene más preguntas que certidumbres. Parados en un presente que se sacude, y lo sacuden, a cada rato.

Esas dos parejas, tan lejos y tan cerca por muchas razones y en muchos sentidos, quedaron congeladas en fotos que las emparentan. Aunque los primeros -Perón y Evita- no supieran nada de los segundos - el matrimonio Kirchner- . Y que los segundos hayan sido, por ejemplo, los que se terminaron yendo de la Plaza de Mayo, la misma de la foto, aquel 1° de mayo de 1974 cuando, dos meses antes de morir, el propio Juan Domingo Pérón dijo aquello de imberbes, flanqueado por José López RegaIsabel Martínez, cuando ya no tenía quién lo abrazara.

Hace un par de días discutíamos, pizza mediante, en Sanchez & Sánchez,  con Federico Sánchez lo que sería la web 2.1 (a no confundir con la web 3.0 o como quiera llamarse a la futura o potencial web semántica) y llegábamos a la conclusión (es un decir, claro) que esta Web 2.1 está centrada en los contenidos pero, sobre todas las cosas, en la diversidad temática y en la profundidad de esos contenidos. ¿A qué hacíamos referencia? A que la facilidad de abrir y mantener un blog sumada a la cada vez mayor conectividad a internet le da autonomía de expresion a todos los que tengan algo que decir.

“¿Pero si esto fue así siempre y el boom de los blogs de 2005 y 2006 se basó en eso?”, creímos escuchar desde alguna mesa vecina. Y respondimos: no. Tener un buen blog y mantenerlo no siempre fue tan fácil. Por ejemplo, ¿cuántos periodistas, economistas, abogados o amas de casa saben configurar una base de datos? Quizás hable por mí, pero yo no sé. Me salva la aplicación “Fantástico” de mi hosting.

Por supuesto que los servicios gratuitos de Blogger y luego WordPress, entre otros, permitieron el surgimiento de blogs sin necesidad de meterse en los vericuetos del PHP ni del My SQL. Pero convengamos que todos tenemos en nuestra agenda a un amiga o amigo diseñador o programador que nos saca las papas del fuego cuando la columna de la izquierda se desplaza hacia abajo, por citar una anomalía leve.

Con esto, muzzarella mediante, estábamos diciendo que si según la Biblia en el principio fue el verbo, aquí, en la Web2.0 en el principio fue el código. Con lo que los primeros pobladores del territorio blog, por lógica, fueron programadores y gente vinculada a la informática. Luego sí, en una segunda oleada inmigratoria, llegaron los diseñadores y diseñadoras que se le animaban al PHP. Ellos y no otros fueron los colonos fundadores de aquella primera aldea que fue la blogósfera.

En aquellos primeros tiempos uno podía llegar a encontrarse post con problemas de redacción pero, sobre todas las cosas, con artículos que rondaban, lógicamente, las áreas de interés de programadores y diseñadores web: gadgets, tecnología, aplicaciones, posicionamiento en buscadores y, en menor medida, themes, fuentes tipográficas y logos.

Pero hoy, la blogósfera dejó de ser aquella aldea de informáticos y diseñadores para convertirse en esta megalópolis que alberga no sólo a una multiplicidad de voces sino a una enorme diversidad de temas. En una palabra: la blogósfera es una ciudad construida con la conversación del mundo y el mundo no sólo habla del último gadget.

Por eso es que, ya a en el café, convenimos con Federico en una verdad de Perogrullo: “el hecho de que alguien sepa fabricar un buen micrófono no lo convierte, por esa sola razón, en un buen comunicador.”

Hoy, en la ciudad blogguer se mantiene, como si fuera el casco histórico, el barrio de los primeros habitantes. Allí viven desde siempre los mejores fabricantes de micrófonos del lugar, los creadores de la herramienta que nos permite a todas y todos, hablar, hacernos escuchar, escucharnos, constituirnos en la conversación.