El papel de la clase media
Escrito el Feb 23, 2008 Categorías Politica | 7 Personas escribieron lo suyoFoto: http://www.prensadefrente.org/pdfb2/index.php/fot/2006/02/08/p1050
Cuando cae el día, las calles de la ciudad de Buenos Aires se convierten en pasillos de supermercado pero al revés. Cientos y cientos de desvencijados carritos que alguna vez fueron de autoservicio, inician el recorrido inverso del consumo y abren las bolsas, que también alguna vez fueron de supermercados, para encontrar allí los restos de la clase media.
Eso sucede, por lo general, cuando el vecindario porteño, esa clase media o media clase, duerme o cierra los ojos a lo que pasa allí afuera con “esa pobre gente”. Los ruidos de los televisores, por lo general, suelen tapar el traqueteo de las rueditas sobre el asfalto. La música en los auriculares o algunos videos de You Tube completan el biombo cotidiano que pone distancia entre unos y otros. Distancias de clases.
La gente de clase media duerme tranquila. Ellos no han inventado la pobreza ni son culpables de que los cartoneros tengan que vivir de la basura. Es más, hasta toleran que rompan las bolsas y que los residuos queden desparramados. Al mismo tiempo, practican un oscuro juego de escondidas para que su cotidianeidad no se vea alterada pór “esa pobre gente”. Y, por supuesto, puertas adentro de sus casas o de sus autos o de los taxis se quejan, refunfuñan y reclaman medidas de distintos grados de facismo.
Hasta que un día sucede lo más esperado y el deseo menos admitido: las fuerzas del orden reprimen a “esa gente” -que ya no es “pobre”- y la sacan de la vista de todos. Los diarios hablan de disturbios en vez de represión y el gobierno “PROteño” se justifica en que hay que liberar el espacio público.
Un párrafo personal antes de seguir. Yo también soy de clase media, aunque proveniente de un hogar laburante. Yo también he refunfuñado alguna vez por las bolsas rotas. A uno de mis hijos, cuando tenía 13 años, dos pibes cartoneros lo asaltaron a punta de navaja y lo dejaron llorando y descalzo en la calle. Pero todo esto no significa que me ponga contento y apruebe la represión perpetrada en Barrancas de Belgrano. De ninguna manera. Por más que pertenezca a la clase del ni tanto ni tampoco. A la clase que busca su movilidad social en base al estudio, al trabajo y al ahorro. A la clase que debe respaldar la educación y la salud publicas y gratuitas de excelencia. La clase que tuvo la posibilidad de estudiar y de crecer más o menos sanos. Más bien siento que por todas esas razones, como clase media debemos jugar un mejor papel en esta situación.
El papel de la solidaridad con esos compatriotas, a los que hasta se les niega su pertenencia a la clase trabajadora. Pero no una solidaridad con regusto a beneficencia. Sino una solidaridad activa y que active una alianza de clases que supere diferencias culturales y magulladuras varias provocadas por el sistema.
Activar una acción que derive en una mayor y mejor organización en el trabajo de recolección de residuos reciclables. Esto significa un compromiso de hierro en la separación de los deshechos y esto también significa un trabajo conjunto de todos los sectores para contribuir en la construcción de un espacio público donde los cartoneros no sean también explotados por quienes le compran lo recolectado. Porque si este tráfico pervive, estaríamos condenando a los cartoneros a la exclusión permanente,
Y esto es grave. Porque los excluidos de hoy son como los desaparecidos de ayer. Con una atroz coincidencia: que tanto los desaparecidos de ayer como los excluidos de hoy pudieron y pueden ser realidad por la oscura complicidad de una clase media que prefiere levantar el volumen de su tele antes que escuchar los Falcon, ayer o los cascos de los caballos que tiran de los carros., hoy.
Si la clase media no juega su papel, el papel de la clase media va a servir únicamente para que cientos y cientos de hombres, mujeres y niños, sobre todo niños, malvivan por los centavos que le dan por kilo.
