Un paralelo entre “Qué bello es vivir” y la crisis financiera internacional
Escrito el Sep 29, 2008 Categorías El Anotador, Politica | 1 escribió esto
“It’s Wonderful Life”, una de las mejores películas de Frank Capra, fue rebautizada para el mundo hispano como “¡Qué bello es vivir!”. El film data de 1956 y en él se retrata a un banquero que dirige una pequeña entidad financiera, llamado George Bailey interpretado magistralmente por James Stewart. Este hombre de negocios, ante la pérdida de capital (en verdad, un robo de Henry Potter, su rival en los negocios) y la caída de la confianza de sus ahorristas -casi todos vecinos suyos a los que financió sus casas- decide suicidarse para que el seguro de vida cubra, de alguna manera, la debacle financiera que se armó.
Más allá del realismo mágico con el que sigue la historia -vale la pena sentarse a verla, creánme- hoy no pude resistirme a trazar un paralelo entre esta situación de crisis financiera de entrecasa y la que se originó en los Estados Unidos y que está afectando, como en un juego de dominó, a algunos de los más importantes bancos y entidades crediticias europeas.
Diferencias y semejanzas
En la película, Bailey, hijo de un banquero respetado, hereda el negocio de su padre. Hereda también de su progenitor el prestigio y la trayectoria. El prestigio de una conducta intachable y la trayectoria de haber financiado siempre las necesidades de vivienda de cada una de las personas que viven en ese pueblo. Con criterio solidario y no especulativo. Capra retrata, al fin y al cabo, a una célula de la sociedad estadounidense que, si bien está impregnada de optimismo, aún en plena mitad de siglo sentían aún muy cerca aquel octubre de 1929. Tan cerca como la proximidad de la Segunda Guerra Mundial.
Pero en la vida real del siglo XXI, las entidades financieras son percibidas por el ciudadano medio de una forma distinta y distante. Más como un conglomerado de organizaciones soldadas por la globalización y actuando siempre en conjunto. Mientras todo funcione sin sobresaltos, esas entidades financieras son vistas por el ciudadano medio como gigantes que habitan inmensos edificios de acero y vidrio. Pero cuando la crisis les muerde los talones, se siente en la piel el miedo de que esos gigantes se desmoronen y transformen el acero y el vidrio en armas mortales.
En la fábula de Capra, Bailey habita una casa que estaba abandonada. Es un tipo bonachón, conocido y reconocido por todos sus vecinos. Henry Potter, su malvado rival, también es un banquero pero frio y especulador que intentará derrotarlo con las peores mañas. Entre ellas aprovechándose de un fatal descuido para robarles.
Claro que en el aquí y ahora de este lunes no hay caras conocidas, sólo logotipos con letras señoriales cuyas hojas con membrete hoy valen menos que un billete argentino de un austral. No hay buenos ni malos: sólo un sistema que se resquebraja provocando el pánico de quienes creían con fe ciega en esos templos que ahora parecen hechos de arena. ¿Cuál será el fin de la película?
Finales felices y de los otros
Los expertos dicen que estamos atravesando uno de los ciclos de recesión más pronunciados del sistema financiero internacional. Esto, sumado a la globalización y al mercado tecnológico de capitales hace que un estornudo en Wall Street resfríe a medio Bolsa de Tokio. Y como esto no es un simple estornudo sino el desencadenamiento de una enfermedad mucho más grave. Tan grave que creo que ya no puede haber finales felices como si esto fuera una película.
No puede haber finales felices porque las principales víctimas de la especulación de los grandes capitales son y serán siempre las personas de a pie, nosotros. Los mismos que fuimos a buscar credibilidad para nuestros proyectos de vida y los mismos que buscamos confiabilidad para nuestros ahorros, en caso de tenerlos.
Ya nada será igual ni en Wall Street ni en San Juan y Boedo después de esta debacle. Porque los grandes monstruos financieros han demostrado que si sus bases fueron alguna vez sólidas, hoy están carcomidas por la especulación de quienes apostaron a créditos basura con el sólo fin de lograr un par de puntos más de interés. Ebrios, al fin y al cabo, de una liquidez ficticia, nociva, contaminante…
No será igual porque, al decir de Michael Moore, sin recurrir a las armas, Bush y sus compinches tienen 300 millones de rehenes (inglés)
No será igual porque se resquebrajó la confianza en un sistema que sigue dando muestras de impotencia para protegerse. Un sistema que se mostró como alternativa de libertad respecto a un socialismo burócrata y opresor cuyo fin, con el derrumbe del Muro de Berlín, marcó también un antes y un después en la historia.
Tal vez las interpretaciones exitistas y/o especuladoras de aquel derrumbe de 1989 no pudieron predecir que casi veinte años después -apenas un par de minutos en la historia- se podía hacer efectivo aquello de que el Muro cayó para los dos lados ideológicos en pugna.
Ya nada será igual y no hay lugar para celebraciones de ningún tipo. Porque, como el socialismo, el capitalismo no es malo en sí mismo. Lo malo es lo que hace el hombre en su nombre.
El buscador de trabajos Laburo es español, pero tiene un no sé qué, viste…