El blog de Eduardo Betas| ¿La versión beta de Betas?

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El legislador como medio ciudadano

La representación como la intermediación son prácticas en proceso de transformación. En especial, cuando se trata de representación democrática o intermediación de información pública.

Los parlamentarios son, por excelencia, los representantes de los ciudadanos en el Parlamento, ese sitio donde se va construyendo el cuerpo legal que nos rige como sociedad. Vale decir, el poder que hace ley a la ideología y la impone con la fuerza del Estado. Nada menos.

Pero el término representante para designar al legislador o legisladora va quedando chico a la luz del nuevo instrumental tecnológico que nos insertó de lleno en la Sociedad Red.

La implementación de recursos que permiten a la ciudadanía involucrarse e interconectarse entre sí con el fin de debatir los temas que le interesan, hacen del legislador de hoy más un medio que un representante.

Un medio entre el ciudadano y esa conversación que tiene por excelencia la democracia y que es la institución parlamentaria. Un medio de ida y vuelta donde el ciudadano, la ciudadana puede proponer ideas al legislador. Un medio para que el legislador, si sabe utilizar estos recursos, pueda hacer uso de la inteligencia colectiva, uno de los poderes fundamentales de las redes.

Esta transformación no implica pérdida de poder para el parlamentario sino una ampliación de sus funciones en la medida en que el ciudadano se apodera y empodera de las nuevas tecnologías para interactuar en la vida pública.

Esto implica que las nuevas herramientas vienen a ampliar el poder de participación ciudadana al mismo tiempo de brindarle al parlamentario un feed back esencial para el desarrollo de su labor legislativa.

Por otro lado, los medios de difusión, antes intermediarios de la información pública, también se encuentran ante el desafío de transformarse o atrasar.

Porque si el ciudadano se ha convertido en el medio, los medios ¿en qué deberán transformarse?

Buena pregunta para un próximo post.

Hace precisamente un año escribí un post donde me preguntaba por qué no se hablaba de política en los eventos de blogs. El primer párrafo de aquel texto era el siguiente:

Si la blogósfera le sigue dando la espalda a la política, la política seguirá circulando por los mismos caminos que lo hace ahora. Vale decir, con políticos y políticas que desconocen los alcances de las nuevas tecnologías y con otros que, directamente, se benefician de esta indiferencia suicida.

A propósito de esto debo decir que el Foro de las Sociedades Digitales (SD08), que finbalizó ayuer en Buenos Aires dejó una marca: no sólo se puede hablar de política en relación a las nuevas tecnologías sino que es bueno hacerlo. Además de inevitable, por cierto. Porque, en verdad, así como siempre estamos comunicando, siempre estamos haciendo política. Por eso es que el SD08 sirvió para hablar a cara limpia y en voz baja, como dice Sebastián Lorenzo, de los temas que hacen a nuestra sociedad, tanto del presente como del futuro.

A través de las mesas del SD08 pasaron cuestiones cruciales como el desarrollo de las PyMES, el aporte de la tecnología digital al turismo, la participación ciudadana en las grandes decisiones públicas, el fenómeno (o no) de los blogs y las riquísimas experiencias de gobierno local, entre muchos otros temas que repercutieron en cada uno de los paneles.

La intensa participación on line fue una de las particularidades del SD08. Tanto porque las tres jornadas fueron transmitidas en vivo por internet como por la cantidad y variedad de intervenciones que se manifestaron en la red.

Mi apreciación particular: el SD08 fue un hecho digital que se materializó en el contacto físico entre personas con las cuales, en muchos casos, sólo teníamos contactos virtuales. Es decir, concretó la metáfora de las redes porque en el Auditorio de la Cancillería se vivieron momentos de intensa conexión entre las personas y, en especial, entre las ideas. En síntesis, el SD08 generó hipervínculos entre personas reales.

Susana Finquielevich, Alejadro Piscitelli, Gustavo Soliño, Jorge Almiña, Esteban Campero, Vanina Berghelli y Paula Carri, fueron sólo algunos de los expositores argentinos que brindaron una actualización a la utilización de lo digital en la sociedad, la educación, la cultura y la empresa.

Por su parte, la presencia española le dio un marco de interesantes experiencias como la de Gijon, traída de la mano de José María Pérez, así como también las disertaciones de César Calderón, coordinador de lasideas.es, la periodista Rosa Jiménez Cano y Verónica Ruiz.

También los hermanos latinoamericanos dejaron su impronta en el SD08. Fue el caso del chileno Andrés Durán, de Atina Chile y de Diego López y de Diego Andrés Herrera, ambos de Ecuador.

Desde aquí, un enorme agradecimiento por la invitación a participar de este encuentro pero, sobre todas las cosas, sinceras felicitaciones a todo el equipo de trabajo que logró semejante éxito.

Algunos enlaces relacionados
(si omití alguno importante me lo pasan en un comentario)

    Fotos en Flickr
    SD08 en Facebook
    SD08 en Twitter
    Video de la presentación de César Calderón
    Presentación de José María Pérez
    Presentación de Ciudadania Digital 2.0 (Ecuador)
    Blog Informal de Sociedades Digitales
    La inauguración
    Presentación de Diario de Gestión

Ah… no puedo dejar de linkear Gurisitos Costeros, el blog de La Delma, mamá de Sebastián Lorenzo, que estuvo con su notebook en el evento…


“It’s Wonderful Life”, una de las mejores películas de Frank Capra, fue rebautizada para el mundo hispano como “¡Qué bello es vivir!”. El film data de 1956 y en él se retrata a un banquero que dirige una pequeña entidad financiera, llamado George Bailey interpretado magistralmente por James Stewart. Este hombre de negocios, ante la pérdida de capital (en verdad, un robo de Henry Potter, su rival en los negocios) y la caída de la confianza de sus ahorristas -casi todos vecinos suyos a los que financió sus casas- decide suicidarse para que el seguro de vida cubra, de alguna manera, la debacle financiera que se armó.

Más allá del realismo mágico con el que sigue la historia -vale la pena sentarse a verla, creánme- hoy no pude resistirme a trazar un paralelo entre esta situación de crisis financiera de entrecasa y la que se originó en los Estados Unidos y que está afectando, como en un juego de dominó, a algunos de los más importantes bancos y entidades crediticias europeas.

Diferencias y semejanzas

En la película, Bailey, hijo de un banquero respetado, hereda el negocio de su padre. Hereda también de su progenitor el prestigio y la trayectoria. El prestigio de una conducta intachable y la trayectoria de haber financiado siempre las necesidades de vivienda de cada una de las personas que viven en ese pueblo. Con criterio solidario y no especulativo. Capra retrata, al fin y al cabo, a una célula de la sociedad estadounidense que, si bien está impregnada de optimismo, aún en plena mitad de siglo sentían aún muy cerca aquel octubre de 1929. Tan cerca como la proximidad de la Segunda Guerra Mundial.

Pero en la vida real del siglo XXI, las entidades financieras son percibidas por el ciudadano medio de una forma distinta y distante. Más como un conglomerado de organizaciones soldadas por la globalización y actuando siempre en conjunto. Mientras todo funcione sin sobresaltos, esas entidades financieras son vistas por el ciudadano medio como gigantes que habitan inmensos edificios de acero y vidrio. Pero cuando la crisis les muerde los talones, se siente en la piel el miedo de que esos gigantes se desmoronen y transformen el acero y el vidrio en armas mortales.

En la fábula de Capra, Bailey habita una casa que estaba abandonada. Es un tipo bonachón, conocido y reconocido por todos sus vecinos. Henry Potter, su malvado rival, también es un banquero pero frio y especulador que intentará derrotarlo con las peores mañas. Entre ellas aprovechándose de un fatal descuido para robarles.

Claro que en el aquí y ahora de este lunes no hay caras conocidas, sólo logotipos con letras señoriales cuyas hojas con membrete hoy valen menos que un billete argentino de un austral. No hay buenos ni malos: sólo un sistema que se resquebraja provocando el pánico de quienes creían con fe ciega en esos templos que ahora parecen hechos de arena. ¿Cuál será el fin de la película?

Finales felices y de los otros

Los expertos dicen que estamos atravesando uno de los ciclos de recesión más pronunciados del sistema financiero internacional. Esto, sumado a la globalización y al mercado tecnológico de capitales hace que un estornudo en Wall Street resfríe a medio Bolsa de Tokio. Y como esto no es un simple estornudo sino el desencadenamiento de una enfermedad mucho más grave. Tan  grave que creo que ya no puede haber finales felices como si esto fuera una película.

No puede haber finales felices porque las principales víctimas de la especulación de los grandes capitales son y serán siempre las personas de a pie, nosotros. Los mismos que fuimos a buscar credibilidad para nuestros proyectos de vida y los mismos que buscamos confiabilidad para nuestros ahorros, en caso de tenerlos.

Ya nada será igual ni en Wall Street ni en San Juan y Boedo después de esta debacle. Porque los grandes monstruos financieros han demostrado que si sus bases fueron alguna vez sólidas, hoy están carcomidas por la especulación de quienes apostaron a créditos basura con el sólo fin de lograr un par de puntos más de interés. Ebrios, al fin y al cabo, de una liquidez ficticia, nociva, contaminante…

No será igual porque, al decir de Michael Moore, sin recurrir a las armas, Bush y sus compinches tienen 300 millones de rehenes (inglés)

No será igual porque se resquebrajó la confianza en un sistema que sigue dando muestras de impotencia para protegerse. Un sistema que se mostró como alternativa de libertad respecto a un socialismo burócrata y opresor cuyo fin, con el derrumbe del Muro de Berlín, marcó también un antes y un después en la historia.

Tal vez las interpretaciones exitistas y/o especuladoras de aquel derrumbe de 1989 no pudieron predecir que casi veinte años después -apenas un par de minutos en la historia- se podía hacer efectivo aquello de que el Muro cayó para los dos lados ideológicos en pugna.

Ya nada será igual y no hay lugar para celebraciones de ningún tipo. Porque, como el socialismo, el capitalismo no es malo en sí mismo. Lo malo es lo que hace el hombre en su nombre.

Imagen de Reuter tomada del diario La Nación

Ese abrazo entre Néstor Kirchner y su esposa, la Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner me sorprendió en plena tarde. Lo ví en el site de La Nación y, aun cuando no quisiera, me retrotrajo a otra imagen, otro ícono de nuestro pasado más o menos reciente: la imagen de Evita abrazada a Perón tras su renunciamiento histórico del 22 de agosto de 1951.

Ya sé, no me digás, son bien distintos. No son comparables porque son momentos diferentes con casi 60 años de distancia y un aluvión de historia en el medio.Aquella imagen de 1951, a mitad de camino entre estampita y crónica fotográfica, mostraba toda la fortaleza de una mujer acurrucada en el pecho de su hombre. Y hoy, como un monumento o una remera estampada, ya no quema ni incendia. Por eso, tal vez, ya forme parte del álbum de la historia o de cualquier iconografía de acto partidario.

En cambio, la imagen de hace un par de días es distinta. Arde y, al mismo tiempo, es demasiada fresca aún para ponerle significantes que no sean ideológicos. Es una imagen que aún la historia no la ha revelado.

Pero ambos abrazos tienen cosas en común. Al menos son dos personas en cada una de las fotografías en un momento en que la historia también los está abrazando.

Claro que no son abrazos partidos, en el sentido de resquebrajados, fragmentados, fracturados… Ni tampoco son momentos de debilidad. Es lo humano tras el poder o lo humano cuando el poder los conmueve.

Algunos podrán ver, en el abrazo de los Kirchner, un gesto ensayado por un publicista con agudeza semiótica. Pero no creo que quiera relacionar ese abrazo a un renunciamiento.

Otros, justificarán sus teorías misóginas sobre la debilidad femenina y el ejercicio del poder.Pero lo cierto es que ambos estaban allí, se abrazaron entre papelitos y banderas. En medio de un país que está doblando la curva de su historia. Ante un futuro que tiene más preguntas que certidumbres. Parados en un presente que se sacude, y lo sacuden, a cada rato.

Esas dos parejas, tan lejos y tan cerca por muchas razones y en muchos sentidos, quedaron congeladas en fotos que las emparentan. Aunque los primeros -Perón y Evita- no supieran nada de los segundos - el matrimonio Kirchner- . Y que los segundos hayan sido, por ejemplo, los que se terminaron yendo de la Plaza de Mayo, la misma de la foto, aquel 1° de mayo de 1974 cuando, dos meses antes de morir, el propio Juan Domingo Pérón dijo aquello de imberbes, flanqueado por José López RegaIsabel Martínez, cuando ya no tenía quién lo abrazara.

Los poetas porteños, sin ciudad

¿Por qué escribe poesía Rodolfo Edwards?
porque estoy solo
como la estrella empecinada
que brilla en el cielo de mi patio

No hay ciudad sin poesía pero parece que los poetas porteños se han quedado sin ciudad. Al menos por lo que se vio en la campaña de afiches realizada por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires con motivo del Día Intrernacional de la Poesía.

Sólo uno de los cuatro afiches contiene un poema escrito por un argentino. Se trata del santafesino Juan L. Ortiz a quien, por otro lado, le han agregado un misterioso acento en la “i” de su apellido. Los otros poetas, célebres, son Miguel Hernández y Miguel de Unamuno, ambos españoles; y el nicaragüense Rubén Darío.

Nada de Borges ni de Marechal. Menos aún de Gelman, Huasi, Manzi, Cátulo Castillo, los González Tuñón, los Fernández Moreno, De la Púa, Cortázar y ni que hablar de Girondo, Carriego o Boccanera que pide besarle las piernas a la poesía hasta que diga Santo Dios. Por supuesto que entre tantos, tantos poetas porteños que han construido barrios completos de metáforas.

Borges sí está con un poema en un material gráfico complementario al cual se accede a través de un documento pdf en internet. Allí también puede leerse sendos poemas de Leopoldo Lugones y Alejandra Pizarnik, por citar sólo a los argentinos.

Esta campaña es parte de un programa realizado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires destinado a “brindarle a la poesía un lugar preponderante en las políticas públicas culturales”.

El programa promete espacio en radio donde “reconocidos locutores darán lectura de las diferentes poesías”. También incluirán lectura de poesías en bibliotecas, jornadas en museos de la Ciudad y diferentes actividades con sede en “La Casa del Escritor”, entre otras.

En efecto, no hay ciudad sin poesía pero para esta gestión porteña en la ciudad parece olvidar a sus poetas. Al menos en esta campaña de afiches…

Foto: http://www.prensadefrente.org/pdfb2/index.php/fot/2006/02/08/p1050

Cuando cae el día, las calles de la ciudad de Buenos Aires se convierten en pasillos de supermercado pero al revés. Cientos y cientos de desvencijados carritos que alguna vez fueron de autoservicio, inician el recorrido inverso del consumo y abren las bolsas, que también alguna vez fueron de supermercados, para encontrar allí los restos de la clase media.

Eso sucede, por lo general, cuando el vecindario porteño, esa clase media o media clase, duerme o cierra los ojos a lo que pasa allí afuera con “esa pobre gente”. Los ruidos de los televisores, por lo general, suelen tapar el traqueteo de las rueditas sobre el asfalto. La música en los auriculares o algunos videos de You Tube completan el biombo cotidiano que pone distancia entre unos y otros. Distancias de clases.

La gente de clase media duerme tranquila. Ellos no han inventado la pobreza ni son culpables de que los cartoneros tengan que vivir de la basura. Es más, hasta toleran que rompan las bolsas y que los residuos queden desparramados. Al mismo tiempo, practican un oscuro juego de escondidas para que su cotidianeidad no se vea alterada pór “esa pobre gente”. Y, por supuesto, puertas adentro de sus casas o de sus autos o de los taxis se quejan, refunfuñan y reclaman medidas de distintos grados de facismo.

Hasta que un día sucede lo más esperado y el deseo menos admitido: las fuerzas del orden reprimen a “esa gente” -que ya no es “pobre”- y la sacan de la vista de todos. Los diarios hablan de disturbios en vez de represión y el gobierno “PROteño” se justifica en que hay que liberar el espacio público.

Un párrafo personal antes de seguir. Yo también soy de clase media, aunque proveniente de un hogar laburante. Yo también he refunfuñado alguna vez por las bolsas rotas. A uno de mis hijos, cuando tenía 13 años, dos pibes cartoneros lo asaltaron a punta de navaja y lo dejaron llorando y descalzo en la calle. Pero todo esto no significa que me ponga contento y apruebe la represión perpetrada en Barrancas de Belgrano. De ninguna manera. Por más que pertenezca a la clase del ni tanto ni tampoco. A la clase que busca su movilidad social en base al estudio, al trabajo y al ahorro. A la clase que debe respaldar la educación y la salud publicas y gratuitas de excelencia. La clase que tuvo la posibilidad de estudiar y de crecer más o menos sanos. Más bien siento que por todas esas razones, como clase media debemos jugar un mejor papel en esta situación.

El papel de la solidaridad con esos compatriotas, a los que hasta se les niega su pertenencia a la clase trabajadora. Pero no una solidaridad con regusto a beneficencia. Sino una solidaridad activa y que active una alianza de clases que supere diferencias culturales y magulladuras varias provocadas por el sistema.

Activar una acción que derive en una mayor y mejor organización en el trabajo de recolección de residuos reciclables. Esto significa un compromiso de hierro en la separación de los deshechos y esto también significa un trabajo conjunto de todos los sectores para contribuir en la construcción de un espacio público donde los cartoneros no sean también explotados por quienes le compran lo recolectado. Porque si este tráfico pervive, estaríamos condenando a los cartoneros a la exclusión permanente,

Y esto es grave. Porque los excluidos de hoy son como los desaparecidos de ayer. Con una atroz coincidencia: que tanto los desaparecidos de ayer como los excluidos de hoy pudieron y pueden ser realidad por la oscura complicidad de una clase media que prefiere levantar el volumen de su tele antes que escuchar los Falcon, ayer o los cascos de los caballos que tiran de los carros., hoy.

Si la clase media no juega su papel, el papel de la clase media va a servir únicamente para que cientos y cientos de hombres, mujeres y niños, sobre todo niños, malvivan por los centavos que le dan por kilo.

Siempre dije que el diario La Nación (Buenos Aires, Argentina) es el que más me gusta a pesar de que no coicida con su línea editorial. Una presentación pulcra de la información; bien organizado y, sobre todas las cosas, bien escrito. Salvo, algunos editoriales como el que publicaron en su edición de ayer bajo el título: “Homosexualidad y adopción”

Ya en el primer párrafo comienza con la diferenciación entre “homosexuales” y “lesbianas”, como si las lesbianas no fueran homosexuales. Pero lo más gracioso (o patético) es cuando el redactor habla de “adopción legal de niños menores de edad”. Y aunque vivamos una época de adolescencias prolongadas creo, no sé si me equivoco, que no existen los niños mayores de edad ¿o sí?

Yendo al tema en cuestión, el o la editorialista utiliza el consabido argumento de que el niño requiere para su “recta formación psicológica y afectivo-sexual” de la acción conjunta de elementos referenciales femeninos y masculinos. Y que, si bien en muchos casos existe ausencia de uno de los dos por accidente, en el caso de las uniones homosexuales es “la ausencia del término materno o paterno no es el resultado de una circunstancia accidental sobreviniente, sino el producto del rechazo o la exclusión conceptual deliberada de uno de los términos fundantes de la pareja humana.”

Por lo visto, la argumentación se centra en implantar valores categóricos e inamovibles (”siempre hemos pensado”), es decir, fuera de toda discusión, por lo tanto carentes de lógica. De otra manera, no se puede hablar de “términos fundantes de la pareja humana”.

Pero además de esto, dado los altos índices de violencia intrafamiliar -que muchas veces incluye la sexual- y de violencia sexual en todas las clases sociales, no podemos decir que la “fundante pareja humana” ha dado buenos resultados en la formación del cien por ciento de los niños. Esto, sin contar con los numerosos casos de abuso sexual perpetrados por religiosos.

Luego cita una sentencia condenatoria de la Gran Sala de Derechos Humanos del Tribunal Europeo, con sede en Estrasburgo, al Estado francés  por rechazar un pedido de adopción realizado por una docente lesbiana. Para después reclamar que “de lo que se trataba era de determinar si la formación sexual del niño podía resultar dañada por el carácter de una unión originada en una relación contraria a las leyes de la naturaleza.”. ¿De qué leyes de la naturaleza está hablando este buen señor o buena señora editorialista?

Por último, hace referencia a que “la idea de que los niños constituyen “cobayos” con los cuales se puede justificar cualquier experiencia es, fuera de toda duda, violatoria de la Convención de los Derechos del Niño”. (¿?)

Eso sí, luego de toda esta diatriba, el editorial de “La Nación” reafirma que lo escrito “no va en desmedro, por supuesto, de la dignidad esencial de todas las personas en relación con la libre elección de su orientación sexual y del modo de canalizarla. Las uniones de homosexuales o lesbianas merecen el más absoluto respeto cuando son el resultado de esa libre determinación. Lo que aquí hemos pretendido señalar es otra cosa: es, simplemente, que cuando se trata de convalidar una adopción legal nada puede importar más que el supremo interés de ese menor. Y es sólo desde esa preocupación que la cuestión debe ser analizada, ya que de ningún modo está demostrado que la vida con padres homosexuales vaya a resultar inocua para su formación.”

Por supuesto que tampoco está demostrado lo contrario, pero el autor no lo dice.

Todo aquel que tenga un blog alojado en el servidor gratuito de wordpress.com es casi seguro que tiene una copia de ese blog pero alojado en un servidor llamado wordprexy.com. Hacer la prueba poniendo http://(el nombre del blog).wordprexy.com

La única diferencia que encontrará entre su blog y el clonado es un pequeñísimo cartelito rojo que en letras blancas tiene escrito: “about WordPrexy”. Allí explican que el bloqueo realizado por Turquía a los servidores de WordPress.com para censurar a los blogs los obligó a realizar esa acción de duplicación con el fin de burlar a la censura. También afirman que no los anima el espíritu de plagio y que ellos no incorporan absolutamente nada al blog.

Bueno, no es la única diferencia por cierto,
sino que también hallarán publicidad ad sense de Google que, según dicen, sirve para financiar los costos que insume la clonación blogueril.

El bloqueo a los blogs de WordPress.com se inició en agosto cuando la justicia turca falló a favor de Adnan Oktar, un conocido líder creacionista que niega la teoría de la Evolución a la par de negar también el Holocausto. Por esa razón, el Estado turco decidió restringir el acceso a los servidores de WordPress.

Esto hizo que surgiera WordPrexy.com que funciona a través de un proxy dedicado a duplicar los contenidos de WordPress.com. Aunque hay algunos que creen que detrás de WordPrexy está el propio WordPress que así encuentra el modo de evadir la censura turca.

De hecho, WordPress.com se desentiende de este tema y dice que eso está más allá de sus posibilidades (aún cuando ellos pueden restringir el acceso de los servidores de wordprexy.com) y recomiendan contactar al hosting de Wordprexy.com si hay problemas legales.

La situación se agrava más aún porque, en el caso de blogs que cuenten con publicidad de Google, éste puede interpretar fraude por duplicación de sitio.

Por otro lado, parece ser que WordPrexy.com no sólo copió los blogs alojados sino que lo ha hecho con el sitio completo: bases de datos, css, archivos, códigos… como se puede apreciar si accedemos directamente a wordprexy.com, con la portada y casi todos los servicios plenamente operativos. Lo cual puede llevar a sospechar la apropiación de todos los datos personales de los usuarios del servicio y su probable uso fraudulento y/o venta.

De todas maneras, el blogger que quiera rechazar el clonaje de su espacio puede solicitarlo por medio de una nota a través de un formulario

La cuestión es que todo esto se transforma en una encerrona ética para los bloggers ya que los enfrente a la pregunta ¿si me opongo a que clonen mi blog estoy apoyando a la censura en Turquía? Pero, si no me opongo estoy validando la acción de quienes se adueñan, sin mi autorización, de los contenidos de mi blog y encima lucran con ello. Si alguien tiene una respuesta, la espero porque yo, por el momento, no la tengo.

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Ya que hoy estamos en día de “lanzamientos” vamos a dar algunas definiciones. Aunque primero, la pregunta que motivó todo esto: ¿Desde cuándo se utiliza el término “lanzar” para referirse al anuncio de una candidatura política? No tengo a mano un archivo pero me parece que tiene que ver más con el “lanzamiento de un producto”.

Aunque si se busca en el mataburros oficial, leáse Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, se encuentran varias definiciones para el verbo lanzar. Un término que proviene, por supuesto, del punzante sustantivo “lanza”.

Así que si asociamos estas definiciones a la política podría dar lugar a algunas interpretaciones un tanto equívocas.

Veamos:

  • Primera definición: arrojar. Y… la verdad, en muchos casos, candidatearse es un acto de arrojo. Tanto, desde la perspectiva personal como desde la tradicional, esa que dice… “arrojar la moral a los chanchos”.
  • Segunda definición: Soltar, dejar libre. En este caso es referido a las aves. Aunque lo primero que se me ocurre ante esto son las palomitas blancas, pero eso es más bien suelta que lanzamiento. Porque si alguien te lanza una palomita, puede suceder que te ensarte con el pico ¿no?
  • Tercera definición: y aquí puede decirse que la tercera es la vencida: #Promover la rápida difusión de algo nuevo”. El problema es que cuando la candidatura llega a su punto de lanzamiento, según los cocineros de la política, ya no es nueva. Aquí entraría, entonces, el verbo formalizar o, simplemente, anunciar.
  • Cuarta definición: Dar, proferir, exhalar. Y aquí el magno diccionario RAE junta y mezcla como en una ensalada. A ver, si alguien lanza su candidatura, no se la da a nadie porque está diciendo “quiero ser yo”. Ahora ¿se imaginan, por ejemplo a Cristina Fernández profiriendo su candidatura. Por último, qué pasaría si en un diario encontramos el siguiente titular: “Lavagna exhaló su candidatura”.
  • Quinta definición: echar o brotar. En este caso, el término tiene que ver con la agricultura. No obstante, también sucede en la política: cuando alguien echa su candidatura, hay muchos que se brotan.
  • Sexta definición: Despojar a alguien de la posesión o tenencia de algo.Por supuesto que esto dicho en términos del derecho. Aunque en el contexto político, como en la definición anterior, cuando alguien lanza su candidatura, muchos se sienten despojados de algo que tenían como seguro.
  • Séptima definición: vomitar (por las dudas, el mataburros aclara “lo contenido en el estómago”). Y, aquí, por las dudas, no vamos a aclarar nada más.
  • Octava definición: echar, imponer, cargar… Son términos vagos, aunque aclaran también que esto se decía antes, es decir, cuando las candidaturas políticas no se lanzaban.
  • Novena definición: emplear, invertir, gastar… Otras formas antiguas, aunque quizás éstas tengan más actualidad ya que para lanzar una candidatura se suelen emplear muchas… cómo decirlo, herramientas; se invierte bastante dinero y se gasta más, mucho más que suelas de zapatos.
  • Décima definición: Empezar una acción con mucho ánimo o con irreflexión. Y aquí sí que también damos en la justa. Porque es innegable que todo político que se postula lo hace con mucho ánimo pero, cuidado, que también lo hacen con irreflexión.

Y ojo que irreflexión no significa “cualidad del que no lo puede ver ni su propio espejo”.

Aunque… ¿no estaría mejor volver a utilizar verbos como “formalizar” o, el más simple y llano “anunciar” para cuando hablamos de postulaciones políticas?

Mauricio Macri disculpó hoy a Juan Carlos Blumberg por haber dicho que era ingeniero cuando no lo era. El candidato a jefe de Gobierno de PRO afirmó que “más honesta que la respuesta que dio no puede ser”.

Y, la verdad, que decir que es “honesta” la respuesta de Blumberg cuando admitió haberle mentido a la sociedad es, al menos, tener un concepto muy errado de lo que es la honestidad.  Lo que para un candidato es bastante complicado…

Creo que hubiese sido honesto si Blumberg, por cuenta propia, habría admitido que le estaba mintiendo a todo el mundo cuando se presentaba con un título que no tenía.

Hubiese sido honesto si su arrepentimiento hubiese sido producto de un peso en su conciencia que ya no podía soportar.

En cambio, la mentira, la usurpación de títulos por parte de Blumberg fue un hecho descubierto por la prensa.

En cambio, Blumberg esperó, no respondió llamados, especuló dos días antes de decir públicamente lo que dijo.

Blumberg no metió la pata. Blumberg mintió. Y mentir no es meter la pata. Si para Macri es lo mismo, para mí no lo es.

Blumberg no dio una respuesta honesta: respondió como todo aquel que lo descubren infraganti comentiendo algo indebido.

¿Por qué mintió? ¿Con qué sentido? ¿Con el afán de sentirse superior? ¿Porque sentía que su nombre quedaba muy solo en la tarjeta sin el agregado de un título? Sea como fuere, mintió.

Y Mauricio Macri, al respaldarlo, cobija a un mentiroso. A un trucho. Él sabrá por qué lo hace. Está en todo su derecho. Como nosotros, como ciudadanos, también lo estamos en respaldar a quien nos parece más honesto. Pero en serio.

Para mí, Blumberg es un trucho más, producto ya no de la vieja política, sino de un estilo de vida basado en las apariencias que nos llevó a estar como estamos.

¿Blumberg hubiese admitido esa mentira sin haber sido descubierto por la prensa?

¿Blumberg conoce ese refrán popular argentino que dice: en boca de mentiroso lo cierto se hace dudoso?

Nadie se lo preguntó. Al menos, hasta ahora…