Hace un rato venía en el colectivo (bus, transporte urbano de pasajeros) leyendo la contratapa de un libro que me había comrpado recién en la librería de EUDEBA. “Contra la pared. Sobre graffitis, pintadas y otras intervenciones urbanas”, de Claudia Kosak.
“Hay mucho para leer en una ciudad. Literalmente: hay muchas palabras para leer en una ciudad. Y aunque esto parezca un lugaer común, no lo es en el fondo. Porqu, por lo general, la gente no anda por ahí leyendo lo que hay poara leer ¿Por qué habría de hacerlo? Estamos tan ocupados…
Sin embargo, hay palabras: agresivas, sutiles, inocentes. Defe puto. Ojos-poesía-veneno. Caro: te quiero. Palabras que en conjunto rastrillan la capa más visible y quizá menos lerída de la ciudad. La erizan, en fin. Los surcos así trazados -ligados a la memoria, a los sentidos y a los deseos- brotan al ras y se ofrecen para ser explorados aunque formen parte de paisajes urbanos que, de tan naturalizados, ya casi no significan.”
De golpe, las palabras se me meten pero no por los ojos, sino por los oídos. Son dos palabritas: depósito y correctorio. Se la dice una chica, de anteojos, simpática, a un muchacho que viaja junto a ella, calvo, de barba, bajito.
- ¿Así le llaman? -pregunta incrédulo él. Ella asiente, medio con vergüenza ajena pero no deja de sonreir.
- Si. Si cuando nos llaman para avisarnos que ya llegó uno para declarar me dicen: habla el sargento Britos, tengo uno para ustedes ¿qué hago? ¿lo dejo en el depósito? Y cuando son pibes lo mandan a otra dependencia ahí abajo, pero ése es el correctorio. Es gracioso el nombre…
Sigo leyendo:
“Los sentidos se aplacan, anestesiados, porque del territorio lo único que importa es el pasaje que permite llegar. Donde sea. Sólo llegar. Pasaje con destino fijo que frena otros modos de la experiencia en tránsito. Se impone así sobre nuestros pasos la idea del traslado; y se evita en consecuencia que los imaginemos como modulaciones de un vioaje. Lo que implicaría, en caso de que pudiéramos desbordar esos frenos, que finalmente llegará a importarnos más lo que sucede en el medio que el destino fijado”
No puedo leer más. Tengo que bajarme. La pareja de empleados de los Tribunales sigue hablando. Él le pregunta algo sobre esas dos palabras, depósito y correctorio, pero yo tengo que bajar. Estoy tocando ya el timbre. Se abren las puertas. Me bajo sobre la avenida Rivadavia, justo frente a un graffiti pintado en una pared. Es un tag (como el de la foto). No lo entiendo. Me deja afuera. No como los que van al depósito o al correctorio…
